Psicólogos Bilbao ofrece las pautas más importantes en la terapia de pareja para conseguir un sano ambiente familiar

23.02.2012


Podemos entender a la familia como un grupo social básico formado por el vínculo del matrimonio o parentesco, unidos por fuertes lazos afectivos.

La familia es la responsable de satisfacer las necesidades básicas de sus integrantes, especialmente la comunicación y el dialogo permanente, que representan un carácter importante para el buen funcionamiento de esta.

La etapa inicial en la formación de toda persona se produce en el hogar, en el seno de la familia. En ella el niño aprende el sentido de identidad, autoridad y libertad, y aprenderá a compartir, competir y experimentar sentimientos de planificación, frustración, celos, rivalidad y generosidad.

Es aquí donde comenzará el proceso de socialización que continuará en los medios extra familiares y culminará con la sociedad en general.
Los valores los captan los niños siguiendo el ejemplo de los mayores y se iniciarán en los hábitos que luego conformarán la conducta y afianzarán su personalidad. En el período inicial de la vida se determina el posterior comportamiento moral.

Las relaciones cercanas y afectuosas son fundamentales para un sano ambiente familiar, que no es fruto de la casualidad ni de la suerte sino consecuencia de las aportaciones de todos los que forman la familia y especialmente de los padres. Los que integran la familia crean el ambiente y pueden modificarlo.

El ambiente familiar debe tener la capacidad de modificar las conductas de sus integrantes, potenciando al máximo aquellas que se consideran correctas y favorecen la buena convivencia.
Los integrantes de la familia deben aprender a escuchar los mensajes de los demás, descubrir sus necesidades y responder a ellas. Recrear el presente mediante el humor; los juegos; la sana complicidad, y sumar muchos otros ingredientes como habilidad, inteligencia, disposición, experiencia, autoridad, comprensión y carácter, para aceptar las equivocaciones y logros, sin perder el sentido de los propósitos e ideales de cada uno.


En nuestros tiempos la comunicación familiar se ve alterada o deteriorada por múltiples factores sociales. El estilo de vida de la sociedad occidental, consumista, el exigente trabajo, el estrés, no favorece el encuentro, la convivencia familiar y menos la comunicación. Por esta razón tenemos el fuerte desafío de aprovechar hasta los más mínimos espacios para la comunicación y la convivencia.

Una comunicación que no se quede en lo puramente funcional, sino que permita transmitir y recibir las opiniones, sentimientos, actitudes, convicciones, valores, ideas e inquietudes de cada integrante de la familia, permitiendo hacer realidad el espacio de acogida, paz y armonía que todos buscamos.

Fuente: Salvador Garrido M.


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